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Alergenicidad a polénes


Igual que con otras sustancias ambientales, si alguien alérgico respira gran cantidad del polen al que tiene alergia, puede tener un ataque agudo de síntomas de asma o de rinoconjuntivitis. Cuando se respiran diariamente o casi diariamente cantidades pequeñas y repetidas de pólenes, estos puede que no causen síntomas agudos, pero esas pequeñas cantidades van causando una inflamación interna de los bronquios. 
Esa inflamación continua hace que los bronquios sean más sensibles a toda clase de estímulos: infecciones, otras alergias, ejercicio, aire frío, contaminación, etc. Esos estímulos causan entonces síntomas agudos y desorientan sobre la culpa de los pólenes. Esos estímulos no causarían síntomas si los bronquios no tuvieran inflamación previa debida a los pólenes.
Lo mismo que en los bronquios sucede en la nariz y en los ojos.
Cuando los síntomas de asma, rinitis, conjuntivitis o urticaria aparecen sólo en primavera es fácil de sospechar que sea por alergia a pólenes. Pero como los síntomas por polen no sólo aparecen en primavera, rutinariamente se suelen estudiar los pólenes más corrientes en las personas con esos síntomas, aunque en principio no parezcan sospechosos. 
La mayoría de las personas necesitan haber pasado varias estaciones polínicas para sensibilizarse a pólenes. Por eso, en niños pequeños, con menos de 4-5 años, las alergias a polen son poco frecuentes, y no se suelen estudiar sistemáticamente, a menos que haya una sospecha fuerte. De todas maneras, aunque es poco frecuente, existen niños menores de un año con sensibilización a polen.