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Igual que con otras sustancias ambientales, si alguien alérgico respira gran cantidad del polen al que tiene alergia, puede tener un ataque agudo de síntomas de asma o de rinoconjuntivitis. Cuando se respiran diariamente o casi diariamente cantidades pequeñas y repetidas de pólenes, estos puede que no causen síntomas agudos, pero esas pequeñas cantidades van causando una inflamación interna de los bronquios. 
Esa inflamación continua hace que los bronquios sean más sensibles a toda clase de estímulos: infecciones, otras alergias, ejercicio, aire frío, contaminación, etc. Esos estímulos causan entonces síntomas agudos y desorientan sobre la culpa de los pólenes. Esos estímulos no causarían síntomas si los bronquios no tuvieran inflamación previa debida a los pólenes.
Lo mismo que en los bronquios sucede en la nariz y en los ojos.